Jakub Farobek - El hombre de los ojos saltones y el hombre de la boca grande
- "¡Ya sé! ¡Hagamos un trato!" dijo un diablillo.
- “¡No! ¡No! ¡No quiero!” dijo el hombre de los ojos saltones.
- “De acuerdo, hagamos un trato.” dijo el hombre de la gran boca.
Inmediatamente, en el jardín del hombre de la gran boca florecieron mil flores distintas. El hombre de los ojos saltones era tan pobre, que se moría de hambre, y no sabía qué hacer. El hombre de la gran boca estaba contento todos los días, saciaba su apetito comiendo frutas deliciosas. Por eso no se dio cuenta… de que su jardín se había marchitado. En ese jardín no volvió a crecer una flor, y el hombre de la boca grande lloraba y lloraba
- “No debería haber hecho un trato con el diablo” se decía.
El hombre de los ojos saltones tenía tanta hambre, que creía que iba a morir. Lloraba, derramando grandes lágrimas, y se quejaba,
Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano vivía un monstruo sin nombre. El monstruo deseaba un nombre, y lo deseaba tanto que apenas podía pensar en nada más.
Un buen día, el monstruo emprendió un viaje para buscar el nombre que tanto anhelaba. Pero el mundo es demasiado grande, y, por ello, el monstruo decidió dividirse en dos. Un monstruo se fue al este y el otro, hacia el oeste.
El monstruo que había ido hacia el este encontró pronto una aldea. En la entrada de la aldea había un herrero.
"Sr. Herrero, me puedes dar tu nombre", preguntó el monstruo.
"¿Pero qué tonterías dices? No puedes dar tu nombre ", replicó el herrero, incrédulo.
"Si me das tu nombre, me introduciré en tu cuerpo y te haré muy fuerte", prometió el monstruo.
"¿En serio? Bueno, pues si de veras vas a hacerme más fuerte, adelante, es tuyo", respondió el herrero.
Entonces, el monstruo se introdujo en el cuerpo del hombre. A partir de ese momento, el monstruo se convirtió en Otto el herrero. Otto se volvió el más fuerte de la aldea. Sin embargo, un día el dijo...
"Mírenme... mírenme... ¡Miren qué grande se ha hecho el monstruo en mi interior!"
Como era de esperar, se lo comió, y volvió a quedarse sin nombre.
En busca de un hermoso nombre, el monstruo decidió buscar en el interior de un castillo. En el castillo vivía un pequeño príncipe enfermo.
"Si me das tu nombre, pequeño, yo te haré fuerte como un roble", le dijo el monstruo al príncipe del castillo.
"Si me haces un niño sano y me vuelves fuerte, mi nombre es tuyo", replicó el príncipe enfermo.
Entonces el monstruo se introdujo en el interior del príncipe. Y éste se curó milagrosamente.
El rey estaba de lo más contento.
"¡El príncipe se ha curado! ¡El príncipe se ha curado!", se regocijaron todos.
Al monstruo le gustó el nombre del príncipe. La vida en el castillo le gustó también. Por eso, y aunque se moría de hambre, hizo esfuerzos por contenerse. Un día tras otro, cuando el hambre le acechaba, el monstruo se contenía y esperaba paciente a que pasara.
Pero un día el hambre era tanta que el monstruo no pudo más.
"Mírenme... mírenme... ¡Miren qué grande se ha hecho el monstruo en mi interior!"
Y entonces se comió al rey y a toda la corte de una sentada.
Como no quedaba nadie en el castillo, el príncipe siguió con su viaje. Camino por días y días.
Un día, el príncipe encontró a su mitad, al monstruo que había viajado al oeste.
"Ya tengo nombre, ¿sabes? Un nombre muy bonito" le dijo el príncipe al monstruo.
"¡Yo no necesito un nombre! Soy feliz aun sin él. Solo tenemos que aceptar que somos monstruos, monstruos sin nombre" le respondió el monstruo al príncipe.
Y con estas palabras, el príncipe se comió al monstruo del oeste...
"Ahora por fin había conseguido un nombre... pero todas las personas que podían llamarlo por su nombre habían desaparecido... con lo bonito que es su nombre... Johan..."
Había una vez una cueva tapada por una piedra muy, muy grande. Las leyendas decían que dentro había un monstruo dormido.
El niño más infeliz de la aldea habría dado lo que fuera para dominar el mundo.
El niño le preguntó a un anciano: "¿Cómo puedo despertar al monstruo?". El anciano lo contestó: "Tienes que llamarlo por el nombre de la persona más amada en el mundo".
Precisamente ese día había una boda en el pueblo. Todos cantaban y bailaban felices.
El niño vio a los novios y pensó: "¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!"
El niño fue a la cueva y gritó: "¡Mazenka! ¡Pepîcek!", pero aquello no despertó al monstruo.
En la aldea había un hombre muy fuerte al que todos admiraban.
El niño pensó: "¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!".
El niño fue a la cueva y gritó el nombre del hombre: "¡Jiri!", pero aquello tampoco despertó al monstruo.
En la aldea había una muchacha que cantaba muy bien y hechizaba a todos con su voz.
El niño pensó: "¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!".
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de la muchacha: "¡Magdalenka!", pero tampoco así despertó al monstruo.
En la aldea había un abuelo y una abuela que llevaban muchos, muchos años casados. Tenían un montón de hijos y nietos.
El niño pensó: "¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!".
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de los abuelos "¡Bozenka! ¡Venousek!", pero ni con esas despertó al monstruo.
Al ver tantas personas amadas el niño se sintió como si dominara el mundo y se olvidó de la cueva.
Pero un día encontró a una mujer que lloraba sola en un lugar apartado de la aldea: "¡Mi hijo se ha perdido! ¡Se lo han llevado los duendes!".
La mujer le contó llorando cuanto amaba a su hijo y le dijo su nombre.
El niño se quedó asombrado: "¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!".
El niño se fue a la cueva y gritó bien fuerte su nombre.
La piedra se movió lentamente. Cuando el niño vio al monstruo...
ace unos cuantos meses termine de ver Monster serie de animación japonesa basada en el manga de Naoki Urasawa una verdadera obra que se sale por completo de las formulas tradicionales y empalagosos clichés a los que estamos acostumbrados a ver en casi todas las series de anime y es que a estas alturas y con todo el éxito que ha tenido ya debería haber una versión de esta serie con actores reales pero por lo que veo habrá que esperar un buen rato a que se decidan. Pero bueno, lo que me trae aquí es básicamente compartir algunos de los cuentos que aparecen a lo largo de los capítulos de la historia ya que he visto que muchos han intentado hacerlo en otros blogs pero por razones que desconozco no siguieron, por desgracia este sitio tampoco es la excepción ya que desconozco si hay mas cuentos en “Another Monster” libro del mismo autor el cual guarda una estrecha relación con la serie, de manera que si alguien sabe algo al respecto me puede comentar o si alguien tiene el libro o sabe donde lo puedo descargar se les agradecería bastante ya que por aquí veo muy difícil conseguirlo en librerías
Nota aclaratoria: en el manga y el anime Franz Bonaparta escribió los cuentos empleando diferentes seudónimos así que el encabezado está compuesto por el título del cuento y el seudónimo del autor
Caminando por los pasillos de la biblioteca pública piloto me encontré con este libro, al leer la sinopsis vi cosas interesantes como el hecho de estar ambientado en los últimos años de la guerra fría y otras cosas curiosas como elementos policiacos unidos a la figura de un protagonista bulímico, pero la verdad es que la historia del protagonista Felix Hoffman resulta algo desoladora, particularmente me ha puesto a pensar en cosas como qué hacer ante aquellas perdidas que son significativas, esas que dejan hueco en el alma solo "seguir para adelante" es lo que comúnmente se dice o hace, pero detrás de esa expresión hay una especie de convicción, determinación o fuerza que hace posible ese "seguir adelante" yo me atrevería a decir que es la esperanza en que las cosas cambien o por lo menos en que algún día el dolor desaparezca; A diferencia de lo anterior para Hoffman no parece haber una vuelta de esquina o camino alterno, pero él no es del tipo que se entrega a un caudal de dolor y sentimientos, este es mucho más reposado casi que medido y sobre todo consiente, Hoffman es esa clase de personaje al cual la vida le ha dado palo desde pequeño cuando vio desaparecer sus padre por culpa de la segunda guerra mundial más adelante cuando todo por fin estaba marchando bien muere su hija unos cuantos años antes de ser inventado el tratamiento para la enfermedad lo cual desemboca en una serie de desastres y fracasos que llevan al protagonista a perder el sueño pasando las noches en vela leyendo a Spinoza y devorando cuanto hay en el refrigerador ocasionándole graves problemas de salud, al no haber bocado que llene el hueco de sus fracasos el vacio es lo único que ve seguro en su porvenir.
Lo que se resalta con cada perdida es el momento histórico en que va recordando los infortunios, la verdad no sé si esa conciencia se deba a la condición de diplomático que ostentaba Hoffman o por la necesidad de encontrar un culpable o una explicación, tanto es así que en las últimas páginas del libro recoge el siguiente fragmento de las elegías de Rilke “cada pesado giro del mundo tiene tales desheredados que no forman parte ni de lo anterior ni de lo venidero” a pesar de lo acabado que pueda parecer Hoffman la felicidad no parece del todo descartada pues vendría siendo una posibilidad dentro de todas las cosas que puedan pasar de aquí a su muerte, tal vez sea por eso que leía el tratado de la reforma del entendimiento de Spinosa que por cierto resulta muy interesante la forma en que entendía cada parte del tratado brindando un ejemplo de cómo se dialoga con un texto (lo digo particularmente porque en el colegio me lo decían mucho pero no entendía como era) otro elemento que ayuda a mantener el interés y el equilibrio son los referentes a la intriga y el espionaje aunque en esta novela no son tan predominantes ayudan a balancear el drama y a la vez a complementar el cuadro histórico sobre el cual se tejen las desdichas del personaje, una vez le oí decir a alguien que el hombre no puede escapar de su tiempo ni de su espacio, en esta novela pasa lo mismo también con las culpas pero a pesar de todo esto se las arregla para encontrar una última esperanza tal vez la única a la que pueda recurrir aunque me haya tomado por sorpresa resulta algo a lo que con frecuencia se recurre en la vida real pues aquellos momentos de la historia que van dejando a su paso montones de desheredados también tienen un final, si nos quieren dejar sin pasado ni futuro, lo mejor es empezar a construirnos para escapar de la nada y la mejor forma de vengarse del que nos quiere hacer desaparecer es vivir. Por lo demás me queda recomendar esta lectura aunque no es mucha la información que pude encontrar del autor y menos de este libro dejo el enlace a una entrevista para complementar
Durante unos 3 tres días viví la experiencia de estar en una feria itinerante instalada en el jardín botánico de la ciudad de Medellín, en esta ocasión en calidad de vendedor de frituras (pancerotis, palos de queso, salchipapas y tamales) en compañía de mi familia; Eran muchas las expectativas que teníamos pero las necesidades de orden económico fueron más fuertes que cualquier temor y nos embarcamos en esta pequeña aventura.
No sé si fue por lo agradable del sitio pero desde que nos instalamos sentí como si nos estuviéramos adentrando en un universo distinto, era algo así como estar en una empresa sin estructura administrativa ni departamento de personal, olvidando por un momento todos esos elementos con los cuales se hace casi que impensable el trabajo en una empresa, en apariencia puede que todo se resuma a vender, pero estar en una feria lo hace a mi modo de ver algo distinto, por el espíritu de una institución con una gran tradición histórica la cual se hace perceptible (en cierta forma) de verse haciendo lo mismo que personas del antiguo Egipto o en los días del imperio romano, pasando a la edad media donde se empezó a utilizar el término feria propiamente dicho, donde no solo se comerciaban todo tipo de productos si no también conocimiento, principalmente en el gremio de arquitectos y constructores donde ofrecían técnicas de construcción que fueron aplicadas en la edificación de castillos, catedrales y puentes, además de propiciar el encuentro con otras culturas. Algo parecido me paso cuando me vi con gente tan diversa como bogotanos, indígenas, peruanos y hasta gente de la india, compartiendo en un espacio de trabajo menos rígido, donde se podía conversar con los demás expositores, echar un vistazo a los demás toldos y saber un poco de los viajes que hacen a menudo, probar sabores de otras partes como los deliciosos churros con ariquipe de unos bogotanos que por más que he buscado no he podido encontrar otros iguales y mi primer encuentro con una autentica lechona.
Aunque claro que pudo haber sido mejor si no hubieran cancelado la feria por falta de un par de firmas, mientras los organizadores las conseguían se fueron deteriorando los tamales a tal punto que se perdieron, para cuando reanudaron la feria solo nos quedo la preocupación de cómo pagar el dinero que nos prestaron para hacer los dichosos tamales, teniendo que pasar el resto de la feria vendiendo empanadas producto con el cual se han levantado infinidad de parroquias y centros comunales del país, junto con el resto de fritos, logrando pasar de esta forma sin pena ni gloria. Aun así creo que esta experiencia me ha mostrado una parte amable del comercio con relación a otros ambientes como el almacén o el centro comercial tanto como si se es comprador o si se es empleado donde difiere en gran medida el trato y hasta el mismo proceso de compra, así pues resulta gratificante comprobar que hay otros espacios y sobre todo practicas y actitudes comerciales más humanizadas y enriquecedoras que las que uno está acostumbrado a ver en la ciudad. Eso es todo.